Cuenta la leyenda que allá por el siglo V después de Cristo en la ciudad del imperio romano conocida por Toletum, vivía un simpático cocedor de habas al que la vida le sonreía,vivía feliz hasta que un día cuando fue a cruzar un paso de peatones de la época, un jodido boyagas a lomos de su carruaje rojo le jodió el día con un comentario a destiempo, desde ese mismo momento Trofollo, que es como se llamaba el hombre, juró que la humanidad iba a pagar aquella sinvergonzoná por los siglos de los siglos....
Una dulce noche de Octubre, donde Vicen era Vicen y no era Peluca, donde todos bebíamos en amor y compañía, sin riñas, sin insultos fuera de tono... la leyenda de Trofollo quiso empañar la buena intención de los amigos de la chanza...
Pasadas las 2 de la noche, nuestro legendario amigo, se reencarnó en un ser diabólico, un ser sacado directamente de un pozo de amargura, un ser con el cual Dios y la cigüeñita se ensañaron con él en su creación, alguien que es capaz con el simple hecho de mirarte a la cara, crearte un nivel de nauseas que ni el Ferchu tiene cuando se le atraganta el cristal. Trofollo era un hombre pero decidió convertirse en ese ser para ser aún mas maléfico y despiadado.
Trofollo intentó pasar desapercibido al inicio de la noche pero luego hizo todo lo posible para integrarse dentro del grupo, heridas de guerra en sus brazos, pezones como auténticos garbanzos mas tiesos que la mojama, apuntándote directamente al corazón acompañados de una ingente cantidad de grasa subcutánea que solapaba ese ridículo vestido que utilizaba cuando se reencarnaba en alguien decente, un ser maligno donde los haya, que hacía temblar la gran templanza de los amigos de la chanza, que no sucumbía a insulto alguno o humillación penosa fuera cual fuera, con el único objetivo de hacer daño y de proclamarse la vencedora de su particular batalla.
Fue entonces cuando el Oveji aparecío con su cigarro mas consumido que el Ferchu con 16 años, signo inequívoco que las cosas no iban por su cauce y de que aquello estaba totalmente controlado por el Trofollo, el cuál fijó su objetivo en este humilde escritor, que tuvo que huir cual pantera huye de los furtivos en la selva amazónica, selva con la que quería camelar trofollo a este inocente humano, que, presa del pánico huyó dejando a familiares y amigos atrás sin pensar en nada, corriendo cual gato huye del perro o raton del gato, o mejor dicho.... tigre del elefante.
Una persecución espeluznante, aderezada con el punto místico que le da la ciudad de Toledo, que, gracias a ella, pudimos librarnos de Trofollo, escondiéndonos en uno de los miles de lugares meados del casco antiguo de la ciudad, un guiño a la malicia, una estrategia digna de los mejores jugadores de mus, acto con el cual conseguimos librarnos de esa tan infame tia a la que luego desde la distancia sentenciamos a viva voz con un ¡Trofollo, gorda de mierda! todo ello escondido tras la maleza y apunto de entrar en el suburbio que es la infame discoteca de camelot donde nos sirvieron un brebaje muy parecido a gasolina, que hizo arder los cimientos de mi esófago, llegando asta el ricón mas incógnito de mi cuerpo, tanto que me hizo salibar hasta el punto de considerarlo medio pota.
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| Lugar que sirvió para guarecernos de tan malvado ser... |
Fue entonces cuando fui ajusticiado por la perrilla veterana del grupo como el incitador y el malechor que provoca a caballete a formar parte del grupo de los caballeros justicieros, una afirmación totalmente falsa pues dicho personaje es lo suficientemente útil como para intervenir en cualquier situación sin empuje de ningún tipo, eso sí, cuando se junta conmigo la conjunción es perfecta, que dicho en palabras de nuestro profesor "Fonditos" podría denominarse, el abc de la justica toledana.
Una vez que habíamos dejado a la jodida Trofollo bien humillada y sentenciada, llegamos hasta tal punto de felicidad y éxtasis que cantamos a viva voz y mas unidos que nunca cantos y vitores a favor del santísimo padre, coreografía incluida, que deleitó a todos los allí presentes y que certificó la buena noche que tuvimos

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